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Santo de la iglesia de Inglaterra, fue un firme defensor de la primacía del poder espiritual sobre el temporal, es decir él defendía que el Papa era más importante que el rey del que era súbdito. Esto fue causa de disputas desde la Edad Media hasta la Reforma del siglo XVI, que supuso la división definitiva en materia religiosa. El camino quedó plagado de mártires como es el caso de Becket.
Thomas nació en el año 11. Su carácter abierto y su gran inteligencia no pasaron desapercibidos, siendo protegido por Teobaldo, el importante arzobispo de Canterbury, cabeza de la iglesia de Inglaterra por aquellos años.
Cuando conoció al joven rey Enrique II, entre ellos surgió una sincera amistad, basada en la admiración que sentían el uno por el otro. Así, Enrique le nombra Canciller del Reino, un cargo político de primera magnitud, por el que debía servir por encima de todo a su rey. Tan bien cumplió su cometido, que Enrique pensó que podía utilizarlo para más cosas.
Por ello, imaginó que siendo tan buen administrador y tan buen amigo, sería muy provechoso para él nombrarle Arzobispo de Canterbury. Con ello pensó que tendría controlada a la poderosa Iglesia de Roma, cabeza de todas las iglesias cristianas de Europa.
Cuando se lo propuso, Thomas se negó, pues estaba contento con su cargo de Canciller, además no era religioso. Pero el rey insistía e insistía, nombrándolo finalmente por obligación. Pero Thomas no había engañado a su amigo y a su rey. No pensaba desempeñar los dos cargos simultáneamente pues eran incompatibles. El canciller era el máximo cargo civil, mientras que el Arzobispo era el máximo cargo eclesiástico, poderes que estaban completamente enfrentados.
Una vez nombrado sacerdote y después Arzopispo, Becket renunció a la chancillería para sorpresa de todos, incluido el rey. Con su obstinación había convertido a su fiel amigo en su máximo enemigo, pues Enrique deseaba controlar la iglesia y Thomas no lo iba a permitir.
Consciente de su error y tras varios enfrentamientos, Thomas en enviado a los territorios ingleses del continente, pero desde allí siendo el Arzobispo y su actitud no cambia.
En el transcurso de una aparente conciliación, Becket regresa, aunque sabe que su fin está próximo, es demasiado molesto y el rey no se ha detenido nunca ante nada ni nadie. Así, cuando vuelven a surgir las desavenencias, el rey lamentó que no hubiera nadie en el reino capaz de librarle de ese cura tan molesto, con lo que había firmado su sentencia de muerte. Algunos nobles interpretaron que si acababan con el Arzobispo, lograrían el favor del rey, por lo que acudieron hasta Canterbury y allí buscaron a su víctima.
Este se encontraba dentro de la catedral, pero sin importarles nada, los asesinos le asestaron unos violentos golpes de espada que le abrieron la cabeza. Becket entraba a formar parte de la lista de mártires de la iglesia al morir defendiéndola. Era el año 1170.
El horror por la noticia sacudió las conciencias de todo el continente y el rey Enrique no salió indemne. Un año después del asesinato de su antiguo amigo, tuvo que hacer penitencia sobre su sepulcro, en la catedral profanada.
Su muerte solo sirvió para calmar este tipo de disputas unos pocos siglos. La cuestión de fondo siguió viva, llegando a su fin en el siglo XVI, con la Reforma y la separación de la iglesia cristiana en sus ramas católica, protestante, calvinista y anglicana.

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