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    April 2006

    Erzsébet Bathory

    La escritora Valentine Penrose afirma que el castillo Csejthe se encuentra en ruinas hace más de dos siglos y medio. Los restos de este edificio se alzan cerca de Eslovaquia, entre los Cárpatos, en una de las tres vaivodías rumanas: Transilvania. Inevitablemente, la mera mención de este nombre nos refiere a Drácula. Pues bien, salvo la popularidad, la más ilustre de los habitantes que hospedó Csejthe poco tiene que envidiarle al legendario vampiro.

    En el seno de una familia noble nació en 1560 la condesa Erzsébet bathory
    , en Hungría. En 1575 desposó con Ferencz Nádasdy, de cuya familia heredó el castillo hacia 1604, año en que su marido murió, y Erzsébet asumió facultades plenipotenciarias. Sus biografías coinciden en el hecho de que era mujer de gran belleza, pero la mano inexorable del tiempo dejaba, día a día, sus terribles huellas dactilares. Este suceso atormentaba a Erzsébet, tal como lo hace ahora con la sociedad que nos rodea. Nuestra época ofrece como solución complejas cirugías que la condesa no llegaría a imaginar; sin embargo sus métodos tampoco serían fáciles de entender hoy en día.

     


    Cleopatra, reina de Egipto, se sumergía en una tina llena de leche de burra, reconocido como un bálsamo natural para suavizar la piel. Erzsébet Báthory también se bañaba en un fluído vital, pero no de burro: la sangre humana. Ecos de Transilvania nos recuerdan que el vampiro es básicamente una criatura muerta, pero que vive, siempre y cuando se procure sangre. Ella, a su manera, estiraba su decreciente lozanía bañándose en la sangre de personas que gozaban de una juventud auténtica. También es necesario recordar la sangre de Cristo vertida en el Santo Grial, que según la mitología cristiana, garantiza inmortalidad para aquel que pueda poseerlo.

    Sus extravagantes tratamientos dermatológicos le valieron el apodo que tomaría Penrose al publicar en 1962 su estremecedora biografía, La Condesa Sangrienta, a la que volvería en la década siguiente Alejandra Pizarnik, para publicar una obra homónima, donde revisita y analiza los sucesos descritos: fundamentalmente, los métodos de obtención de la sangre humana, por cierto macabros.

    Transilvania, una de las tres vaivodías de Rumania, pertenecía entonces a Hungría, adonde el protestantismo no había penetrado con suficiente fuerza: en los minúsculos pueblos cercanos a Csejthe aún sobrevivía el paganismo, y los descendientes de los dacios eran campesinos ignorantes, temerosos de las numerosas leyendas de vampiros, licántropos y demonios que acechaban desde los bosques cercanos a los Cárpatos. Con la ayuda de un equipo de asistentes -con fidelidad recíproca-, la condesa reclutaba allí doncellas para trabajar en el castillo. Los requisitos eran simples: debían ser jóvenes menores a los dieciocho años, vírgenes.

     



    La vida de las empleadas domésticas de Csejthe duraba poco, por lo que el personal se renovaba constantemente. El más mínimo error era pagado duramente: las asistentes de la condesa cosían la boca de la que hablaba y quemaban con una plancha de hierro candente la cara de la costurera que cometía un error en el bordado; la que era descubierta robando una moneda debía sujetarla calentada al rojo vivo. Todos estos suplicios solían coronarse con la ejecución de quien cometía la falta.

    Los sacrificios, que giraban en torno a un salvaje lesbianismo rociado con chorros de sangre, eran oficiados periódicamente por la condesa y sus secuaces, también mujeres. La condesa en persona perforaba la piel con agujas y cuchillos, arrancaba la carne con los dientes, y valiéndose de tijeras recortaba orejas, narices, dedos y pezones. Las jóvenes se desmayaban de espanto y dolor, pero volvían en sí cuando les introducían una barra de hierro al rojo vivo por la vagina o el ano. La sangre fluía, y la condesa aseguraba su juventud bañándose en ella.

    En su libro Pizarnik ilustra con maestría estas escenas. Algunos ejemplos:

    La Jaula Mortal:

    Tapizada con cuchillos y adornada con filosas puntas de acero, su tamaño admite un cuerpo humano; se la risa mediante una polea. La ceremonia de la jaula se despliega así:

    La sirvienta Dorkó arrastra por los cabellos a una joven desnuda; la encierra en la jaula; alza la jaula. Aparece la "dama de éstas ruinas", la sonámbula vestida de blanco. Lenta y silenciosa se sienta en un escabel situado debajo de la jaula.

    Rojo atizador en mano, Dorkó azuza a la prisionera quien, al retroceder --y he aquí la gracia de la jaula--, se clava por si misma los filosos aceros mientras su sangre mana sobre la mujer pálida que la recibe impasible con los ojos puestos en ningún lado. Cuando se repone de su trance se aleja lentamente. Han habido dos metamorfosis: su vestido blanco , ahora es rojo y donde hubo una muchacha hay un cadáver.


    Muerte por Agua

    El camino está nevado, y la sombría dama arrebujada en sus pieles dentro de la carroza se hastía. De repente formula el nombre de alguna muchacha de su séquito. Traen a la nombrada: la condesa la muerde frenética y le clava agujas. Poco después el cortejo abandona en la nieve a una joven herida y continúa viaje. Pero como vuelve a detenerse, la niña herida huye, es perseguida, apresada y reintroducida en la carroza, que prosigue andando aun cuando vuelve a detenerse pues la condesa acaba de pedir agua helada. Ahora la muchacha está desnuda y parada en la nieve. Es de noche. La rodea un círculo de antorchas sostenidas por lacayos impasibles. Vierten el agua sobre su cuerpo y el agua se vuelve hielo. (La condesa contempla desde el interior de la carroza). Hay un leve gesto final de la muchacha por acercarse más a las antorchas, de donde emana el único calor. Le arrojan más agua y ya se queda, para siempre de pie, erguida, muerta.



    El catálogo de suplicios es muy extenso, y muchos deben ser atribuidos a una colección de artefactos utilizados para la tortura -ruedas, torniquetes, jaulas- ubicados en el castillo, siendo el más notable una doncella de hierro, réplica de una original de Nuremberg. Los despiadados crímenes de Erzsébet
    bathory se llevaron consigo alrededor de 650 vidas. Los gentiles -que oían los espeluznantes alaridos que dejaban escapar los muros de Csejthe- ya no se conformaban ante las innumerables explicaciones de translado dadas las secuaces de bathory
    a los familiares de las víctimas recientes y elevaron quejas ante el emperador de Hungría, que fueron naturalmente ignoradas. Pero cuando la condesa comenzó a sacrificar hijas de nobles -invitadas para estudiar en el castillo- las situación dió un giro. y se le encargó al conde Gyorgy Thurzó que investigue la situación. Pizarnik refiere:

    "En compañía de sus hombres armados, Thurzó llegó al castillo sin anunciarse. En el subsuelo, desordenado por la sangrienta ceremonia de la noche anterior, encontró un bello cadáver mutilado y dos niñas en agonía. No es esto todo. Aspiró el olor a cadáver, miró los muros ensangrentados; vio “la Virgen de hierro”, la jaula, los instrumentos de tortura, las vasijas con sangre reseca, las celdas –y en una de ellas a un grupo de muchachas que aguardaban su turno para morir y que le dijeron que después de muchos días de ayuno les habían servido una cierta carne asada que había pertenecido a los hermosos cuerpos de sus compañeras muertas...
    La condesa, sin negar las acusaciones de Thurzó, declaró que todo aquello era su derecho de mujer noble y de alto rango. A lo que respondió el palatino... te condeno a prisión perpetua dentro de tu castillo.
    Desde su corazón, Thurzó se diría que había que decapitar a la condesa, pero un castigo tan ejemplar hubiese podido suscitar la reprobación no sólo respecto a los Báthory sino a los nobles en general. Mientras tanto, en el aposento de la condesa fue hallado un cuadernillo cubierto por su letra con los nombres y las señas particulares de sus víctimas que allí sumaban 610... En cuanto a los secuaces de Erzébet, se los procesó, confesaron hechos increíbles, y murieron en la hoguera.
    La prisión subía en torno suyo. Se muraron las puertas y las ventanas de su aposento. En una pared fue practicada una ínfima ventanilla por donde poder pasarle los alimentos. Y cuando todo estuvo terminado erigieron cuatro patíbulos en los ángulos del castillo para señalar que allí vivía una condenada a muerte.
    Así vivió más de tres años, casi muerta de frío y de hambre. Nunca demostró arrepentimiento. Nunca comprendió por qué la condenaron. El 21 de agosto de 1614, un cronista de la época escribía: Murió hacia el anochecer, abandonada de todos.
    Ella no sintió miedo, no tembló nunca. Entonces ninguna compasión ni emoción ni admiración por ella. Sólo un quedar en suspenso en el exceso de horror, una fascinación por el vestido blanco que se vuelve rojo, por la idea de un absoluto desgarramiento, por la evocación de un silencio constelado de gritos en donde todo es la imagen de una belleza inaceptable."


    Un descendiente de Erzsébet
    bathory tiene una página con información sobre su oscuro árbol genealógico en http://www.bathory.net

     

    http://manticora.bitacoras.com/archivos/2005/05/21/vampiros-erzsebet-bathory

     

    Kommentare (1)

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    Bild von Anonym
    La Condesa schrieb:
    Seguro que te interesa este artículo sobre la condesa Bathory en http://webs.ono.com/maleficivm/bathory.html
    8 Nov.

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